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SALUDOS CORDIALES
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AHÍ VA ALGO PARA QUE OS ENTRETENGAIS UN POCO. ES PEQUEÑO CUENTECILLO. NO ES MÍO, POR SUPUESTO. YO NO HAGO CUENTOS, YO LE HAGO AL CUENTO NADA MÁS.
Laestrella viajera
Mª Ángeles Oliveros Correa
(Cuento de Reyes) Lo más hermoso que tenía era la cabellera, una cabellera que era un borbotón de luz y que parecía un infinito fleco de terciopelo de seda en un revoloteo de luz tornasolada . Era elegante, curiosa y decidida y con un corazón inquieto y vagabundo que le impulsaba continuamente a viajar. Ya lo había visto casi todo: trepidante y galaxias, fugaces y estrellas, planetas silenciosos, soles en ebullición. Pero aún no había visto al que la había hecho, al Todopoderoso, sobre el que siempre se hacía las preguntas: -¿Dónde está? ¿Quién es? Un día recibió un encargo sorprendente. Tenía que viajar hasta la Tierra y allí guiar a tres hombres sabios, de los que estudiaban el Cielo, a un lugar donde se había producido el mayor de todos los acontecimientos. Si realizaba bien ese trabajo, al final conocería al Todopoderoso. Le pareció una misión importante y de mucha responsabilidad y quiso cumplirla inmediatamente. Pero, ¿ dónde estaba la Tierra? No la había visto nunca en sus largos viajes, no se desanimó por eso y se puso en camino agitando la cabellera en claros remolinos de luz. Fue un largo camino, conoció casi todo el Universo. Visitó deslumbrantes estrellas, soles poderosos, planetas en formación. Un día, al atardecer descubrió en la lejanía una pequeña bola azul que se agrandaba por momentos a medida que se acercaba a ella, se dijo: -Esto es distinto de todo lo que conozco, esto debe ser la Tierra. Y acertó. Al llegar, lo primero que llamo su atención fueron los colores, porque aparte de su propio color dorado solo conocía el color de la sombra. La recibió una estrepitosa carcajada de color. Reían el verde y el amarillo, el blanco el rojo y el azul en una alegría contagiosa que envolvió a la estrella. Luego observo que estaba poblada por multitud de seres nunca vistos. Unos se inclinaban sensibles en la dirección del viento. Había otros que libremente se podían mover. Todo era para ella tan nuevo, tan bello y tan interesante que se quedó extasiada largo rato y estuvo a punto de olvidar su misión. De pronto se dijo pensativa: ya he encontrado la Tierra, pero ¿cómo encontrar a los tres sabios? Y se puso a caminar lentamente sin saber a rumbo fijo donde ir. Tres Magos la llevaban esperando desde hacía mucho tiempo. Sabían que un acontecimiento maravilloso iba a suceder. Iba a nacer el Salvador del Mundo y una estrella desconocida y brillante iba a ser la señal. Por eso miraban de continuo al cielo y la reconocieron cuando llegó. Ya la tenían todo preparado: los camellos cargados con los regalos, con las tiendas y las provisiones y así nada más verla, dejaron la casa, la comodidad y los amigos y emprendieron el camino a través del desierto desolado para adorar al salvador. A veces dejaban momentáneamente el desierto y entraban en ruidosas ciudades llenas de mercaderes y de baratijas, de bullicio y agitación. Otras se paraban a descansar en algún Oasis a las sobra de las palmeras erguidas, otras caminaban rebosados en arena molida soportando el simún. La estrella que no sabía que los guiaba iba a paso menudo tratando de encontrarlos. No estaba acostumbrada a tanta lentitud, sentía un cansancio terrible y un día que ya no pudo más se paro ante una casa pequeña y limpia, encalada y resplandeciente. Vio con sorpresa que a la vez llegaban tres viajeros ricos con criados y camellos que se disponían a entrar. Miró a través de la puerta abierta. Dentro había una mujer joven con un Niño en los brazos. Los viajeros se arrodillaron en señal de adoración y le ofrecieron sus regalos. La estrella lo miraba todo desde el exterior y comprendió que sin saberlo había conducido a los sabios a su destino. Entonces… !Aquél Niño era el Todopoderoso y ella estaba en su presencia! Como señal de alegría agitó la cabellera que se desbordo en una cascada silenciosa de luz. Al ver el oro , el incienso y la mirra que ofrendaban los Magos reparó en que ella no había traído nada. Pensó que algo tenía que hacer, pero, ¿qué podía hacer una estrella inquieta y errante? En su mismo destino encontró la solución: recorrería los caminos infinitos contando las galaxia, a las estrellas a los soles lo que había visto, invitando a todo el Universo a dar gloria a Dios. Ahora de vez en cuando regresa a la Tierra. Si la veis alguna noche que sepáis que es porque le gusta volver a visitar el lugar donde conoció al Todopoderoso.
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