domingo, 29 de diciembre de 2013

El Pensamiento del Papa Francisco

Prologo!
Est‡bamos compilando el presente texto cuando la noticia nos tomo por sorpresa.
Aun es muy reciente y no salimos de nuestro asombro.!
La palabras del cardenal Tauran resuenan en nuestros o’dos "Girogium Marium..."
y pensŽ, "Bergoglio!"!
La alegr’a fue inmensa y mayor aun cuando supimos el nombre "Francescum"!
El papa era el querido cardenal Bergoglio y como si fuera poco escog’a el nombre
del poverello de As’s. Todo un signo de los tiempos y una puerta abierta a la esperanza
en el futuro de la Iglesia.
Este peque–o volumen recoge distintas intervenciones, del hoy papa Francisco,
sobre temas diversos y de gran interŽs. Son intervenciones de los a–os 2010-2013
ya que debido a la urgencia de los tiempos, decidimos anticipar la publicaci—n del
presente.
Hemos respetado el lenguaje original y en ocasiones, cuando el dialecto "porte-
–o" aparece menos comprensible para el lector for‡neo, indicado su correlatividad
al castellano.
ConÞamos en que sea œtil para conocer mejor el pensamiento y magisterio del
nuevo l’der de la Iglesia Cat—lica y nos ayude a todos a ponerlo en practica.!
Paz y Bien!
Carolina Romero
Gabriel Lopez Santamar’a, ofs
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CAP ê TULO 1
ABORTO
Se avanza deliberadamente en limitar y eliminar el valor supremo de la vida e
ignorar los derechos de los ni–os por nacer. Al hablar de una madre embarazada
hablamos de dos vidas; ambas deben ser preservadas y respetadas pues la vida es
de un valor absoluto.!
É
El aborto nunca es una soluci—n. Debemos escuchar, acompa–ar y comprender
desde nuestro lugar a Þn de salvar las dos vidas: respetar al ser humano mas peque-
–o e indefenso, adoptar medidas que pueden preservar su vida, permitir su nacimiento
y luego ser creativos en la bœsqueda de caminos que lo lleven a su pleno
desarrollo.!
Comunicado del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires sobre la resoluci—n para los Abortos no punibles en la Ciudad de Buenos
Aires (10 de septiembre de 2012)!
El derecho a la vida es el primero de los derechos humanos. Abortar es matar a
quien no puede defenderse.
Del libro Sobre el Cielo y la Tierra. Ed. Sudamericana
...cada vez que una mujer da a luz se sigue apostando a la vida y al futuro...
Card. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires . 1 de octubre de 2012. Fiesta de Santa Teresita del Ni–o Jesœs
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CAP ê TULO 2
ACOSTUMBRAMIENTO
Uno de los peligros mas grandes que nos acechan es el "acostumbramiento". Nos
vamos acostumbrando tanto a la vida y a todo lo que hay en ella que ya nada nos
asombra; ni lo bueno para dar gracias, ni lo malo para entristecernos verdaderamente.
Me caus— asombro y perplejidad preguntarle a un conocido como estaba y
que me respondiera: "mal pero acostumbrado".!
Nos acostumbramos a levantarnos cada d’a como si no pudiera ser de otra manera,
nos acostumbramos a la violencia como algo infaltable en las noticias, nos
acostumbramos al paisaje habitual de pobreza y de la miseria caminando por las
calles de nuestra ciudad, nos acostumbramos a la tracci—n a sangre de los chicos y
las mujeres en las noches del centro cargando lo que otros tiran. Nos acostumbramos
a vivir en una ciudad paganizada en la que los chicos no saben rezar ni hacerse
la se–al de la cruz.!
El acostumbramiento nos anestesia el coraz—n, no hay capacidad para ese
asombro que nos renueva en la esperanza, no hay lugar para el reconocimiento
del mal y poder para luchar contra el.
!
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, para la Cuaresma
2012 (22 de febrero de 2012)!
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CAP ê TULO 3
AMOR
Jesœs no da s—lo un mandamiento en el sentido m‡s comœn de la palabra sino que
proclama la œnica forma de fundar un v’nculo y una comunidad que sea humanizadora:
el amor gratuito, sin reclamos, que es consistente por convicciones, que
siente y piensa a los otros como pr—jimos, es decir como a s’ mismo.
...
El amor que propone Jesœs es gratuito e ilimitado y por ello muchos lo consideran,
a El y su ense–anza, un delirio, una locura y preÞeren conformarse con la mediocridad
ambigua sin cr’ticas ni desaf’os.!
Homil’a del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, durante el Tedeum
celebrado en la catedral metropolitana, el 25 de mayo de 2012!
El amor hace comœn todo lo que tiene, se revela en la comunicaci—n. No hay fe
verdadera que no se maniÞeste en el amor, y el amor no es cristiano si no es generoso
y concreto. Un amor decididamente generoso es un signo y una invitaci—n a
la fe. Cuando nos hacemos cargo de las necesidades de nuestros hermanos, como
lo hizo el buen samaritano, estamos anunciando y haciendo presente el Reino.!
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, para la Cuaresma
2012 (22 de febrero de 2012)
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CAP ê TULO 4
A„O DE LA FE
Este a–o de la fe que transitamos es tambiŽn la oportunidad que Dios nos regala
para crecer y madurar en el encuentro con el Se–or que se hace visible en el rostro
sufriente de tantos chicos sin futuro, en la manos temblorosas de los ancianos olvidados
y en las rodillas vacilantes de tantas familias que siguen poniŽndole el pecho
a la vida sin encontrar quien los sostenga.!
Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de buenos Aires al inicio de la Cuaresma
2013!
La fe es una gracia, un regalo de Dios. La fe s—lo crece y se fortalece creyendo;
en un abandono continuo en las manos de un amor que se experimenta siempre
como m‡s grande porque tiene su origen en Dios.
!Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires por el A–o de la Fe (1
de octubre de 2012)!
Iniciar este a–o de la fe es una nueva llamada a ahondar en nuestra vida esa fe
recibida. Profesar la fe con la boca implica vivirla en el coraz—n y mostrarla con
las obras: un testimonio y un compromiso pœblico. El disc’pulo de Cristo, hijo de
la Iglesia, no puede pensar nunca que creer es un hecho privado.!
Cruzar el umbral de la fe nos desaf’a a descubrir que si bien hoy parece que reina
la muerte en sus variadas formas y que la historia se rige por la ley del m‡s fuerte
o astuto y si el odio y la ambici—n funcionan como motores de tantas luchas humanas,
tambiŽn estamos absolutamente convencidos de que esa triste realidad puede
cambiar y debe cambiar, decididamente porque si Dios est‡ con nosotros quiŽn
podra contra nosotros? (Rom. 8:31,37)!
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Cruzar el umbral de la fe supone no sentir vergŸenza de tener un coraz—n de
ni–o que, porque todav’a cree en los imposibles, puede vivir en la esperanza.
Cruzar el umbral de la fe nos lleva a implorar para cada uno los mismos sentimientos
de Cristo Jesœs (Flp. 2, 5) experimentando as’ una manera nueva de pensar,
de comunicarnos, de mirarnos, de respetarnos, de estar en familia, de plantearnos
el futuro, de vivir el amor, y la vocaci—n.!
Cruzar el umbral de la fe es actuar, conÞar en la fuerza del Esp’ritu Santo presente
en la Iglesia y que tambiŽn se maniÞesta en los signos de los tiempos, es
acompa–ar el constante movimiento de la vida y de la historia sin caer en el derrotismo
paralizante de que todo tiempo pasado fue mejor; es urgencia por pensar de
nuevo, aportar de nuevo, crear de nuevo, amasando la vida con la nueva levadura
de la justicia y la santidad. (1 Cor 5:8)!
Cruzar el umbral de la fe implica tener ojos de asombro y un coraz—n no perezosamente
acostumbrado, capaz de reconocer que cada vez que una mujer da a
luz se sigue apostando a la vida y al futuro, que cuando cuidamos la inocencia de
los chicos garantizamos la verdad de un ma–ana y cuando mimamos la vida entregada
de un anciano hacemos un acto de justicia y acariciamos nuestras ra’ces.!
Cruzar el umbral de la fe es el trabajo vivido con dignidad y vocaci—n de servicio,
con la abnegaci—n del que vuelve una y otra vez a empezar sin aßojarle a la vida,
como si todo lo ya hecho fuera s—lo un paso en el camino hacia el reino, plenitud
de vida. Es la silenciosa espera despuŽs de la siembra cotidiana, contemplar el
fruto recogido dando gracias al Se–or porque es bueno y pidiendo que no abandone
la obra de sus manos. (Sal 137)!
Cruzar el umbral de la fe exige luchar por la libertad y la convivencia aunque
el entorno claudique, en la certeza de que el Se–or nos pide practicar el derecho,
amar la bondad, y caminar humildemente con nuestro Dios. (Miqueas 6:8)!
Cruzar el umbral de la fe entra–a la permanente conversi—n de nuestras actitudes,
los modos y los tonos con los que vivimos; reformular y no emparchar o barnizar
(disimular), dar la nueva forma que imprime Jesucristo a aquello que es tocado
por su mano y su evangelio de vida, animarnos a hacer algo inŽdito por la socie-
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dad y por la Iglesia; porque El que est‡ en Cristo es una nueva criatura. (2 Cor
5,17-21)!
Cruzar el umbral de la fe nos lleva a perdonar y saber arrancar una sonrisa, es
acercarse a todo aquel que vive en la periferia existencial y llamarlo por su nombre,
es cuidar las fragilidades de los m‡s dŽbiles y sostener sus rodillas vacilantes
con la certeza de que lo que hacemos por el m‡s peque–o de nuestros hermanos al
mismo Jesœs se lo estamos haciendo. (Mt. 25, 40)!
Cruzar el umbral de la fe supone celebrar la vida, dejarnos transformar porque
nos hemos hecho uno con Jesœs en la mesa de la eucarist’a celebrada en comunidad,
y de all’ estar con las manos y el coraz—n ocupados trabajando en el gran proyecto
del Reino: todo lo dem‡s nos ser‡ dado por a–adidura. (Mt. 6.33)!
Cruzar el umbral de la fe es vivir en el esp’ritu del Concilio y de Aparecida,
Iglesia de puertas abiertas no s—lo para recibir sino fundamentalmente para salir y
llenar de evangelio la calle y la vida de los hombres de nuestros tiempo.!
Cruzar el umbral de la fe para nuestra Iglesia Arquidiocesana, supone sentirnos
conÞrmados en la Misi—n de ser una Iglesia que vive, reza y trabaja en clave
misionera.!
Cruzar el umbral de la fe es, en deÞnitiva, aceptar la novedad de la vida del Resucitado
en nuestra pobre carne para hacerla signo de la vida nueva.!
Card. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. 1 de octubre de 2012. Fiesta de
Santa Teresita del Ni–o Jesœs
La experiencia de la Fe nos ubica en Experiencia del Esp’ritu signada por la capacidad
de ponerse en camino... No hay nada m‡s opuesto al Esp’ritu que instalarse,
encerrarse. Cuando no se transita por la puerta de la Fe, la puerta se cierra, la
Iglesia se encierra, el coraz—n se repliega y el miedo y el mal esp’ritu "avinagran"
la Buena Noticia. Cuando el Crisma de la Fe se reseca y se pone rancio ya no es
evangelizador, ya no contagia sino que ha perdido su fragancia, constituyŽndose
muchas veces en causa de esc‡ndalo y de alejamiento para muchos.!
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El que cree es receptor de aquella bienaventuranza que atraviesa todo el Evangelio
y que resuena a lo largo de la historia, ya en labios de Isabel: ¬Feliz de ti por
haber cre’do¬, ya dirigida por el mismo Jesœs a Tom‡s: "Felices los que creen sin
haber visto"!
Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, a los Catequistas de la
Arquidi—cesis (21 de agosto de 2012)

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